Archive for the Cuentos Category

Todos tenemos grietas.

Posted in Cuentos, Reflexiones on 23 abril, 2012 by zoe749

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:
“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:
“¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

Quien nos quiere, nos quiere como somos, querer a alguien implica quererlo como es, sin pretender cambiarlo, tal y como es, es perfecto.

ZOE.

Cuento Zen.

Posted in Cuentos on 24 marzo, 2012 by zoe749

Ryokan, un maestro zen, vivía de la forma más sen­cilla posible en una pequeña choza al pie de una monta­ña. Cierto día, por la tarde, estando él ausente, un ladrón se introdujo en el interior de la cabaña, solo para des­cubrir que no había allí nada que pudiese ser robado.
Ryokan, que regresaba entonces, se encontró, con el ladrón en su casa.
– «Debes haber hecho un largo viaje para venir a visitarme», le dijo, «y no sería justo que volvieras con las manos vacías. Por favor, acepta mis ropas como un regalo».
El ladrón estaba perplejo, pero al fin cogió las ropas y se marchó.
Ryokan se sentó en el suelo, desnudo, contem­plando la luna a través de la ventana.
– «Pobre her­mano», se decía. «Ojalá pudiese haberle dado esta maravillosa luna».

“Me podrán quitar todo, excepto lo que realmente me pertenece, y nadie puede robarme un atardecer, un amanecer, nadie dará con mis noches de luna”.

ZOE

El elefante encadenado.

Posted in Cuentos, Reflexiones on 20 febrero, 2012 by zoe749

 

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que,como más tarde supe era también el animal preferido de otros niños.Durante la función,la enorme bestia hacía gala de un tamaño,un peso y una fuerza descomunales…Pero después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario,el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.

 

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo.Y aunque la madera era gruesa y poderosa,me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza,podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

 

El misterio sigue pareciéndome evidente.
¿Qué lo sujeta entonces?.
¿Por qué no huye?.
Cuando era niño,yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores.Pregunté entonces por el misterio del elefante…Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado.

 

Hice entonces la pregunta obvia:”Si está amaestrado,¿por qué lo encadenan?”.
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo,me olvidé del misterio del elefante y la estaca…
Hace algunos años,descubrí que,por suerte para mí,alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

 

“El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy,muy pequeño”.

 

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó,tiró y sudó tratando de soltarse. Y,a pesar de sus esfuerzos,no lo consiguió,porque aquella estaca era demasiado dura para él.
Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar,y al otro día y al otro…Hasta que,un día,un día terrible para su historia,el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

 

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa, por qué, pobre, cree que no puede.

 

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.
Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

 

Todos somos un poco como el elefante del circo:vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.

 

Vivimos pensando que “no podemos” hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo lo intentamos y no lo conseguimos.
Hicimos entonces lo mismo que el elefante,y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.

 

Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.

 

Cuando, a veces,sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas,miramos de reojo la estaca y pensamos:”No puedo y nunca podré”.

 

Ésto es lo que te pasa,vives condicionado por el recuerdo de una persona que ya no existe en ti,que no pudo.

 

Tu única manera de saber si puedes es intentarlo de nuevo poniendo en ello todo tu corazón…¡¡¡Todo tu corazón!!!.

 

JORGE BUCAY.

 

Cuánto nos encadenamos nosotros mismos, cuánto otros con sus palabras, con sus palabras que nos atravesaron como flechas, restándonos amor propio, autoestima, cuánto nos encadena nuestra mente, nuestro ego, nuestro pasado, nuestro futuro, el no vivir en el presente, cuánto las reglas y convencionalismos sociales, lo que otros creen conveniente para ti, cuando eres tu y solo tu el que debe decidir, cuán débil es la estaca, cuán fuerte nuestra propia idea de lo que nos mantiene presos… presos de nosotros mismos…nos invita a la reflexión como siempre mi querido BUCAY. Y a ti, que te ata?

 

 

 

ZOE

 

EL VERDADERO VALOR DEL ANILLO

Posted in Cuentos with tags on 3 febrero, 2012 by zoe749

 

 

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.

– Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para

hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y

bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que

me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

– ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis

propios problemas. Quizás después… Si quisieras ayudarme tú a mí, yo

podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

– E… encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era

desvalorizado y sus necesidades postergadas-.

– Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño

de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que

está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para

pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible,

pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa

moneda lo más rápido que puedas.

El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los

mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo

que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro,

algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito  fue tan amable

como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy

valiosa para entregarla a cambio de un anillo.

En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de

cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda

de oro, así que rechazó la oferta.

Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –

más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.

¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría

habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir

entonces su consejo y su ayuda.

– Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás

pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda

engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.

– ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-

. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y

vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender

el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se

lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo

miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:

– Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más

que 58 monedas de oro por su anillo.

– ¿¿¿¿58 monedas???? -exclamó el joven-.

– Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca

de 70 monedas, pero no sé… Si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.

– Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo:

una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un

experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu

verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano

izquierda.

Jorge Bucay.

 

ZOE

Obstáculos.

Posted in Cuentos, Reflexiones with tags on 26 enero, 2012 by zoe749

Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.
Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorte la silueta de una ciudad. Agudizo la mirada para distinguirla bien. Siento que la ciudad me atrae.
Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.
Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.
Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo… dudo.
Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto… Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.
Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo
Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos… Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo… y resisto.
Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado… descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños…
Me siento abatido… Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca… No dejaré que el muro impida mi paso.
Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire… De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.
Me recuerda a mí mismo… cuando era niño.
Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?
El niño se encoge de hombros y me contesta: -¿Por qué me lo preguntas a mí?
Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras… Los obstáculos los trajiste tú.

Jorge Bucay.

 

Cuando queremos algo, debemos perseverar y luchar aun contra los obstáculos que nosotros mismos nos colocamos en el camino, “Si se quiere, se puede”

 

ZOE