No somos irrompibles


 

Los cristales pueden romperse.

A veces basta con  un leve golpe de abaníco.

Las telas suelen desgarrarse al contacto de una diminuta astilla.

Se rasgan los papeles…

Se rompen los plásticos…

Se rajan las maderas…

Hasta las paredes se agrietan, tan fírmes y sólidas que parecen.

Y nosotros?

Ah!…Nosotros tampoco somos irrompibles.

Nuestros huesos corren el riesgo de fracturarse, nuestra piel de herirse…

También nuestro corazón, aunque siga funcionando como un reloj suizo y el médico nos asegure que estamos sanos.

¡Cuidado! ¡Frágil! El corazón se daña muy fácilmente.

Cuando oye un “No” redondo o un “Si” desganado, una especie de “nnnnsi” y merecía un tintineante ¡Sí!…

Cuando lo engañan…

Cuando encuentra candados donde debía encontrar puertas abiertas.

Cuando es una rueda que gira solitaria día tras día…noche tras noche…

Cuando….

Entonces siente tirones desde arriba, por delante, desde abajo, por detrás…es un potrillito huerfano, galopando dentro del pecho.

¿Se arrugó?

¿Se encoge?

No.

Late lastimado.

¿Y cómo se cura?

Solamente el amor de otro corazón alivia sus heridas.

Solamente el amor de otro corazón lo cicatriza.

Elsa Isabel Bornemann.

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